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Carta de amor a Valentina, por Alex

Carta de amor a Valentina, por Alex

Ya nos necesitábamos antes incluso de conocernos. Me había enamorado… Miraba continuamente su foto en mi escritorio, me pasaba el día pensando en ella… Soñaba con tenerla. Trabajé sin descanso llevando conmigo una réplica en miniatura para recordarme por qué lo hacía… por ella. Y el 1 de Octubre de 2008… Valentina me dijo que sí.

Han pasado dos años desde entonces y cada vez que la miro, aún sigo sintiendo esa punzada en el estómago. Cada vez que la arranco y sube por sí sola progresivamente de revoluciones, siento cómo sonríe pícaramente y me invita a irme con ella. Sigo descubriéndome a mí misma admirándola embobada durante horas, contemplando cómo el sol se refleja en su vibrante color metalizado y cómo puede parecerme aún más bonita cuando éste se esconde y la oscuridad de la noche le regala ese imponente y elegante vestido azul que no se repite en ninguna otra.

A muchos podrá parecerles ridículo… quizás enfermizo. Es una moto, dirán. Pero para mí es mucho más que eso; es mi compañera. Con ella he hecho los viajes más emocionantes, las amistades inesperadas más valiosas y tenido las sensaciones más gratificantes de mi vida. Siempre presente en un segundo plano sin pedirme nada a cambio. ¿Es o no una historia de amor incondicional y sin medida?

Y ahora vayamos a las razones por las que me fijé en ella y no en otra. Muchos defenderán la funcionalidad a la hora de comprar una moto pero, quizás aún con la irracional veintena, me guié por instinto y pura atracción. En lo superficial, el físico fue determinante, no me gustaba ninguna otra: el acabado de su estética deportiva, la armonía de su elegante escape bajo el colín y, definitivamente, su peculiar color electrizante. En lo práctico, dentro de la categoría, ganaba con ventaja por su altura y envergadura, cualidades generalmente antagónicas a lo que necesitan las chicas que buscan montura. Pero… es que no es el caso de mi 1’85 de estatura.

Al margen de lo platónico de mi decisión, no tardé en darme cuenta de que había acertado también en lo demás. La zx6r 2008 (mismo modelo 2007) es una moto muy nerviosa con un motor muy puntiagudo que necesita ir muy revolucionado. El tacto al puño del gas es inmediato, el motor responde enérgicamente y la patada a partir de 12000 es adictiva, un auténtico toro salvaje, algo que no pasa en otros modelos de otras marcas más lineales y progresivos, quizá más leales y domables pero, qué queréis que os diga, vengo de una trail monocilíndrica, me atraen las motos con carácter y personalidad.

El cambio evidentemente fue notable, empezando por la potencia y el par y siguiendo por la postura. Pero la verdad es que me lo esperaba mucho peor y, a pesar de mi altura y de estar acostumbrada a una posición completamente diferente, para mi sorpresa, me adapté en seguida. No acusé dolor de muñecas, ni de piernas, algo al principio en la espalda, por la postura más radical pero después de hacer muchos kilómetros, la verdad es que los viajes no me resultan nada incómodos. Se lleva peor con este tipo de moto el uso urbano, cuando hay atascos y necesito usar mucho el embrague, acaba doliéndome bastante el hombro izquierdo, se calienta mucho como es evidente y el giro de maniobra de los semimanillares es más restringido que en un manillar alto, mucho más recomendable para sortear el tráfico.

En cuanto a sus características de serie, se nota a la legua que es una moto concebida desde su diseño para el circuito, algo muy a tener en cuenta a la hora de decidirse. Lo demuestran las estriberas notablemente más retrasadas que en otros modelos R, el laptimer de serie y la ausencia del warning, por ejemplo, en el juego de luces, algo que vienen incorporando los fabricantes de otras marcas en modelos anteriores a 2008 y no es el caso de la Ninja.

Un detalle interesante a la par que peculiar y que sería, por encontrar alguno, el único defecto que puliría de fábrica en el modelo de ese año (porque no pasa en otros) es la pata de cabra, excesiva y peligrosamente larga para su uso en calle. Parece una tontería pero viéndola desde la parte trasera, y más si la comparas con cualquier otra a su lado, el grado de inclinación de la moto con la pata puesta es casi nulo, quedando prácticamente recta. Esto dificulta su estabilidad en zonas de pendiente y puede ocasionar un buen susto, como fue el caso recién estrenada, en que casi generamos un efecto dominó que, afortunadamente, sólo se quedó en un aviso para el futuro. Para evitarlo, aparte de escoger bien el sitio y la orientación del estacionamiento, siempre dejo por defecto la primera marcha engranada. También existe la posibilidad de acortar la pata y resoldarla, algo en lo que, de momento, no tengo demasiada confianza.

Y puestos a hablar de patas, de meteduras de pata, un consejo: las especificaciones técnicas de fábrica existen por algo y los experimentos dejárselos a expertos. En mi caso, el error estuvo en montar una goma trasera de una medida diferente, una 190 en lugar de una 180. Teóricamente el agarre era mayor y bla, bla, bla… Me dejé asesorar por una persona que debía entender del tema pero que, con toda seguridad, se aprovechó de mi ignorancia en este tema pudiendo liquidar un juego de ruedas que tenía por allí. Sin dramatizar, porque realmente no pasa nada del otro mundo, de hecho aún sigo con ese juego, pero estoy deseando gastarlo y volver a la medida original. En seguida me di cuenta que la 190 está concebida por algo para las 1000 y en una 600 la vuelve torpe en curva precisamente por esa mayor superficie (que, por cierto, ni siquiera en circuito conseguirás acabar los flancos por mucho que te esfuerces, algo que me frustró ya que con la 180 lo hacía sin problema y me emparanoié sin motivo sobre mi aparente retroceso. Al final caí por qué era) Además, al estar pensada para unos desarrollos diferentes de alguna manera “engaña” a la moto, pierdes velocidad y agilidad, además de llevar error de marcador. Esto suena muy lógico ahora, claro…

Y bueno, después de este paréntesis, y siguiendo con el hilo, diré que la bomba de freno tiene un tacto muy bueno y sin sorpresas, algo que parece dar más problemas en su hermana mayor la zx10r. En la benjamina, sin embargo, tanto pides, tanto da, y ni siquiera en las apuradas más fuertes se fatiga, gracias al embrague antirrebote es posible reducir más de una marcha a la vez sin que culee. Tiene una frenada ágil y obediente con sólo presionar ligeramente la maneta.

Por el tema del mantenimiento, no os voy a engañar, tener una moto deportiva sale caro. Ya no sólo por el seguro (y más si eres joven), ya no si pretendes darle una atención acorde a las exigencias de la casa cada 6000 Km. que, en mi caso, son cada demasiado poco sino que, una vez que te metes en esta vorágine tan atrayente, acabarás pecando de forma inevitable con atractivos y nada baratos extras, como el precioso Akrapovich de carbono de voz intensa y ronca que anuncia la llegada de Valentina o todas las chuches que vienen implícitas cuando hagas caso a su naturaleza circuitera y te arrastre con ella. Ahí estás perdido. Pero… qué narices, eres feliz.

Como broche diré que, al margen de su enervado carácter, Valentina es insuperablemente noble. En los dos años que llevamos juntas siempre ha respondido con nota ante los imprevistos, sustos y todo tipo de inclemencias meteorológicas que nos han hecho el camino difícil, en ocasiones, muy difícil. Pero ni un solo problema mecánico ni de ningún tipo, quizá también ayudado por un uso continuo que hace que esté siempre alerta, preparada para salir.

Una historia de amor… quizá penséis que estoy loca, quizá que exagero… pero la verdad es que sigo viéndola cada día con la ilusión del primero…

Publicado el 11/09/2010

©Motociclismo Femenino



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